05/8/13

El cuarto naipe

Les dejo aquí un relato romántico histórico de mi autoría, en este caso ganador del concurso de relatos del II encuentro de novela romántica en Tarifa.

El cuarto naipe

naipes de corazones

20 de Julio de 1816, Kent, Inglaterra

Cuando el señor Frowen murió, a la edad de cincuenta y dos años, de un mal funcionamiento del corazón, a nadie le causó asombro. Sí dejó a todos con las bocas abiertas, por el contrario, la presencia el señor Towers en Forest Park. Lo que hacía callar hasta a los pájaros que cantaban sobre las ramas y aleros, ignorantes de las tristezas de la muerte, no era la sombra interminable del hombre proyectada por la luz del mediodía, sino sus palabras al presentarse como albacea del testamento del difunto.

Anunció esto con un tono neutral, mientras sostenía con su brazo extendido una carpeta rebosante de papeles, y antes de que la señora y el señor Frowen hijo se hubieran cambiado a sus trajes de luto.

Cuando la viuda bajó a recibirlo, envuelta en sedas y crespones negros, fue incapaz de pronunciar palabra. El hombre le dio su pésame y le preguntó si su hijo tardaría mucho más, a lo que ella respondió que seguramente estaba por llegar.

Cuando Christian Frowen, el hijo mayor del difunto y presunto heredero de la propiedad Forest Park, bajó los peldaños de la blanca escalinata de mármol y llegó a la sala, la madre lo miró con los ojos crispados, sin que él comprendiera por qué. Se miró el atuendo, perfectamente negro a excepción del pantalón que a la altura de la rodilla se abrazaba a las botas, y no encontró en sí mismo nada fuera de lugar. Recibió entonces el pésame de Towers y lo agradeció con cortesía.

—Sé que es un momento difícil para ustedes, y sepan que los acompaño en su dolor, pero necesito cumplir con mi rol. ¿Podemos proceder con la lectura del testamento? —preguntó el hombre, contrayendo las facciones de su rostro en un gesto de compunción.

—¿De qué testamento habla? —respondió de modo espontáneo Christian, que no había sido advertido acerca de la presentación del hombre. Continuar leyendo

03/21/13

El mismo sable

espada

Si tengo que morir de asfixia

que sea dándote el aire,

viendo irse de a poco la vida

que fue tuya y de más nadie,

sabiendo, a tu boca prendida,

que he vivido cada instante,

hasta el postrero, con dicha,

con tu amor invulnerable;

que tus días y mis días

perdieron juntos su sangre

empuñando un mismo sable.

03/17/13

Quizás

Quizás fueron tus ojos

al fundirse con los míos,

una fantasía, un antojo,

un dulce juego de niños.

Quizás fueron tus palabras,

o el aire que se cerraba…

los átomos que buscaban

mis rubores, tus miradas.

puesta de sol en pareja

Quizás fuera aquella luna de aquel día,

aquella tarde de aquel invierno

que terminaba,

quizás algo de azahar,

que me mareaba,

quizás la primavera enajenada.

Quizás fuera ese momento y ese lugar,

esa ocasión que tenía que suceder,

esa pregunta que tenías que preguntar,

y tus ojos otra vez.