El concurso del arcoíris

El concurso del arco iris

En un pueblito lejano, hace mucho tiempo, todos los ancianos solían relatar la leyenda de las tejedoras del arcoíris.

Según aseguraban, si alguien se aventuraba a ir a una cascada o un río mientras el arcoíris estuviera presente en el cielo, sería posible observar sobe las rocas a un gran número de pequeñas ninfas tejiendo con dos agujas grandes y con hilos de oro.

Se contaba también que aquellas mujeres hacían una competencia que terminaba cuando el arcoíris desaparecía. La que hubiera completado el vestido más hermoso durante ese tiempo sería la ganadora del certamen.

Estas competencias nunca habían podido ser vistas por un humano desde cerca, ya que las ninfas tenían muy buen oído y eran muy escurridizas. En cuanto escuchaban un ruido entre las ramas, todas huían y se escondían.

Un joven que no tenía muchas ganas de trabajar quiso un día corroborar si la historia que los viejos contaban era verdad, y se internó en el bosque en cuanto vio el arcoíris.

Al llegar a la cascada, quedó verdaderamente sorprendido.

cascada
¡Era cierto! Había muchas mujeres pequeñas y delicadas, de cabelleras rubias y grandes ojos, tejiendo allí. Una piedrecilla podía servir de asiento a dos de ellas, ya que eran pequeñísimas.

El joven vago decidió esperar a que terminara la competencia para robar sus tejidos, que debían valer mucho dinero.

El arcoíris despareció y la ganadora fue la ninfa más grande de todas, abuela de cuatro ninfas más pequeñas, que había realizado un vestido dorado con unos hermosos bordados de flores.

-Clarisa ha ganado el día de hoy
tal como sucedió la vez anterior.

Anunció la ninfa responsable del concurso.

Entonces el joven supuso que iban a volver a sus hogares y se lanzó a correr tras ellas. Como no lo esperaban y había sido muy silencioso, las ninfas se asustaron mucho y dejaron todos sus tejidos en el agua y en el suelo, mientras salían corriendo a esconderse.

Como eran muy rápidas y podían hacerse invisibles con facilidad, el joven no pudo atrapar a ninguna ninfa, pero se llevó todos sus tejidos.

Con el dinero que obtuvo de la venta de los tejidos de oro estuvo viviendo mucho tiempo, hasta que hubo una nueva tarde de lluvia con sol, y vio aparecer nuevamente el arcoíris en el horizonte.

Volvió a la misma cascada en la que antes había perseguido a las ninfas, y las vio otra vez tejiendo. Esperó, tal como había hecho hacía tiempo.

Cuando se lanzó a correr sobre ellas, nuevamente dejaron olvidados sus tejidos.

Esta vez todas habían tejido bozales, y se preguntó por qué habían hecho algo así. Para burlarse, se puso uno sobre su boca y les sonrió como un tonto, mientras algunas todavía corrían entre la hierba.

Una pequeña voz emergió de entre las flores.

-Ahora te querrás quitar el bozal
y verás que no es fácil de sacar.

Efectivamente, el joven intentó quitarse el bozal y no pudo. Luego de horas de luchar contra la prenda, se dio cuenta de que había sido hechizado.

Se fue a su casa lanzando insultos y olvidó a las ninfas.

Al poco tiempo se dio cuenta de que su problema era grave. Si no podía quitarse el bozal, nunca más podría comer, y si no comía moriría pronto.

Pasaron unos días y se hallaba ya muy débil, por el hambre y por la sed.

Decidió volver a la cascada donde había atacado a las ninfas en dos oportunidades diferentes y pedir piedad para que le perdonaran la vida.

Así lo hizo, aunque esa tarde no llovía ni había sol, y no las podía ver.

-Lamento mucho haberlas atacado
y pido perdón por mi actitud del pasado.

Si deciden no quitarme el bozal
temo que este hechizo será pronto mortal.

Las ninfas, que eran piadosas, se compadecieron de él y esperaron que se durmiera.

Cuando lo escucharon roncar, lo rodearon y cantaron todas juntas una canción para romper el hechizo.

-Ordenamos ahora que se rompa el bozal
para que el joven pueda beber
y vuelva a engordar.

Y así fue como, cuando el joven se despertó, el bozal había desparecido y su boca se hallaba libre.

Entonces corrió a toda velocidad hacia la vera del río que zigzagueaba bajo la cascada, con la intención de beber agua. Llevaba mucho tiempo sin poder tomar ni comer nada y estaba desesperado.

Cuando hubo saciado su sed, sonrió feliz.

Agradeció a las ninfas a pesar de no poder verlas:

-Gracias, señoras, por haberme perdonado.
Contaré mi historia en todo el poblado.

Pronto el joven relató lo que le había sucedido a todos y cada uno de los habitantes del  pueblo y de los alrededores.

Y hasta hoy se dice que, desde entonces, nadie ha sido tan tonto de querer atrapar o robarle algo a una ninfa, y que aún puede vérselas tejiendo cuando el arcoíris se encuentra cruzando el cielo.

aldea
Y así concluye esta historia de un ladrón, con alegría y una buena lección.

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2 opiniones en “El concurso del arcoíris

    • Hola, Ursu.
      Muchas gracias por interesarte por lo que escribo y dejar tus comentarios en mi blog.
      ¡Mil gracias por el premio!
      Espero que sigamos en contacto.

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