01/29/13

El hombre creyente

tormenta eléctrica

Era la noche del veinte de diciembre del año dos mil doce, y Raúl recién podía llegar a casa. El trabajo atrasado en la oficina le había impedido regresar antes.

Horacio Peralta siempre le hacía lo mismo: siempre le lanzaba todo el trabajo que tenía que estar listo para el lunes a primera hora cuando la jornada del viernes iba a concluir, obligándolo a permanecer en la oficina cuando la luz natural ya no lo acompañaba.

Y, mientras el que dictaba las órdenes  regresaba a su casa, tal vez contento de que Raúl se quedase a custodiar sus queridos papeles del ataque de los fantasmas que habitaban el viejo edificio de oficinas, el pobre señor Raúl Gómez luchaba, armado con una cafetera de último modelo, contra el sueño y el aburrimiento.

Todo aquello era demasiado para él, y sobre todo en aquella fecha, así que hizo el trabajo que le quedaba de mala gana y con una calidad dudosa, y regresó a su casa a esperar el fin del mundo.

La compulsiva obsesión por cumplir con las tareas le obligaba a terminar su labor antes de marcharse. No quería que el final de los tiempos lo sorprendiera en un acto de irresponsabilidad. ¿A él? No, nunca había sido un irresponsable y no podía pasar a la eternidad como tal.

Y así fue como Raúl regresó a su casa cuando acababa de caer totalmente la noche, cabizbajo, deprimido, dejando caer el maletín sobre los dedos más que sosteniéndolo, y esperando que, por magia súbita del fin de los tiempos, alguien lo estuviera esperando en casa.

Error. Abrió la puerta de su pequeño departamento y allí no había nadie, como siempre.

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01/28/13

El hijo del rey loco

el hijo del rey loco dibujo

Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy lejano del que ya no se recuerda el nombre, un rey y su comitiva se encontraron con una hermosa joven que recogía frutas silvestres en el bosque.

Aunque el rey no tenía previsto detenerse allí, la joven lo dejó cautivado. Al momento, el rey le dijo:

—A ti, dulce doncella

te quiero como princesa.

La joven no quería casarse con alguien que no conocía y, ante la afirmación del rey, comenzó a correr dejando su cesta tirada en el suelo. Pero la suerte no la favoreció: tropezó con un grupo de hongos inmensos y cayó al suelo.

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01/3/13

El hadita de las desapariciones

 A mis queridos sobrinos: Luisana, Lucas “Junior” e Ihan,

porque los niños saben de amor y saben de magia.

hada en la luz de la lunaHoy vengo a presentarles un cuento de hadas, uno de los primeros que me aventuro a escribir.

Recientemente adquirí un libro con los cuentos de los hermanos Grimm y he disfrutado esa lectura de principio a fin. Quizás se deba a la magia y los mundos fantásticos, tan lejanos que nos permitimos creer totalmente en ellos, o quizás se deba a que me rememoran la voz de mi madre en las noches de mi niñez, cuando nos contaba (y a veces nos reinventaba) muchos de ellos.

Lo cierto es que me he dado el gusto de escribir relatos en esta categoría, que tiene sus propias reglas y su propio encanto, y el resultado es lo que ahora les comparto:

El hadita de las desapariciones

(Agradezco a ese gran amigo que hizo, para este cuento, el hermoso dibujo a lápiz que les comparto más abajo. Dejo su nombre en el anonimato porque así me lo ha pedido).
En un bosque, hace tiempo, hacía travesuras el hadita de las desapariciones

En un bosque, hace tiempo, hacía travesuras el hadita de las desapariciones

 

Hace mucho tiempo vivía una joven huérfana en una pequeña casa, sola desde la muerte de sus padres.

Se dedicaba a amasar y vender pan, y en eso se le iban la mayoría de las horas de su vida.

Mientras tamizaba la harina aquella mañana, pensaba si, como les había sucedido a sus amigas, llegaría para ella también el amor.

En ese mismo momento, en otra parte de la aldea, internado en el bosque, se encontraba un poderoso leñador.

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